En la complejidad del panorama venezolano, dos conceptos psicológicos se entrelazan de forma inesperada con la dinámica económica y política: la subestimación y la sugestión.
Subestimar implica valorar por debajo de lo merecido, un acto de desprecio que, en nuestra sociedad, se ha convertido en una narrativa de descalificación entre los mismos connacionales.
La sugestión, por su parte, es el arte de influir en la mente para implantar una idea. Al conectar estos conceptos, podemos observar cómo ciertas narrativas se han incrustado en el imaginario colectivo, a menudo con fines políticos y económicos.
El proverbio popular «dime de qué presumes y te diré de qué careces» cobra una relevancia particular en este contexto. Las carencias, ya sean materiales o de otro tipo, pueden ser el caldo de cultivo para la soberbia y la subestimación.
En una nación marcada por la hiperinflación y la desaparición de la clase media tradicional, un sector de la población, empobrecido pero con la mentalidad de una clase alta, se encuentra en una paradoja.
Su comportamiento, al imitar posturas de élite mientras se quejan de los precios, refleja una disociación profunda. Esta misma subestimación se manifiesta en la competencia económica, donde la búsqueda de estatus alimenta una filosofía que busca sugestionar al colectivo en un estado de empobrecimiento permanente.
En este entorno, ciertos líderes y figuras de opinión han utilizado la sugestión como herramienta. A diario, observamos cómo los discursos cambian en función de las narrativas externas, especialmente aquellas provenientes de potencias como Estados Unidos.
Se ha promovido, por ejemplo, la idea de un cambio político a través de una intervención militar, una fantasía que se ha mantenido viva a pesar de la evidencia en el terreno.
Sin embargo, la realidad geopolítica ofrece una perspectiva diferente. Mientras se especula sobre posibles conflictos, los lazos entre Venezuela y China se fortalecen con acuerdos y proyectos tangibles.
La conmemoración de la victoria china en la Segunda Guerra Mundial y la instalación de una plataforma petrolera china en el Lago de Maracaibo son ejemplos de una relación que se materializa en hechos concretos.
China, a través del respaldo diplomático, ha condenado la injerencia extranjera y ha demostrado un interés estratégico en la estabilidad y el desarrollo económico de Venezuela.
En última instancia, el argumento de la insistencia de un sector de la oposición en los «atajos» y en regalar oportunidades electorales al partido gobierno en estos últimos procesos, solo ha llevado al colectivo a la desilusión.
La narrativa de la subestimación y la sugestión ha dañado la fe de un pueblo que creyó en liderazgos que, con el tiempo, se revelaron incapaces de ofrecer soluciones reales, perpetuando así una situación de estancamiento.
Giovanny Marquina
Legislador de COPEI por el estado Mérida
