Abróchense los cinturones y colóquense en posición de impacto, por Rafael Alberto Martínez

Las cartas están echadas. El gobierno habla de tregua, pero encarcela a dirigentes políticos por protestar e incluso apresan a ciudadanos comunes por lo que escriben en las redes sociales, además de amenazar a Lorenzo Mendoza. Es decir, no hay tregua y el país se desliza a una “hambruna bíblica”, como lo acaba de advertir el Programa Mundial de Alimentos de Las Naciones Unidas, y como lo hemos estado advirtiendo los economistas desde el inicio de la pandemia. Los venezolanos no morirán en grandes números por la pandemia, sino por la “hambremia”.


El gobierno insiste con sus recetas fallidas de controles de precio, racionamiento de gasolina y vuelve nuevamente a buscar ayuda internacional. En los últimos días han ofrecido vender al Banco de Inglaterra las reservas de oro que el Banco Central de Venezuela mantiene en el banco británico. Son 31 toneladas a un precio de mercado de 1,7 millardos de dólares. Como el Reino Unido no reconoce al gobierno de Maduro, no le va a entregar a este los recursos, en cambio se está revisando la posibilidad de entregar los recursos al Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas para que aplique medidas contra la pandemia en nuestro país.


Adicionalmente están buscando ayuda por otros lados, pero la pandemia no solo ha cambiado muchísimo la situación en nuestro país con efectos devastadores, sino también la situación internacional ha cambiado dramáticamente. La pandemia ha tenido grandes efectos en los países aliados de Maduro y también en su principal adversario. El colapso de los precios del petróleo ha afectado gravemente a Venezuela, a dos de sus principales aliados, Rusia e Irán, y al sector petrolero de los EEUU. Hace dos semanas la primera compañía de “fracking” de los EEUU declaró la quiebra, Whiting Petroleum, otras la seguirán, aumentando el costo económico de la pandemia en los EEUU.


Rusia necesita un precio de su barril de 42$ para estabilizar sus cuentas e Irán necesita un precio por encima de los 70$. Los problemas en sus economías son graves y no se espera mejoría de estos precios hasta el 2022. Estos dos aliados no podrán ayudar a Maduro en la situación actual más allá de un intercambio comercial, por eso Irán está cobrando con oro los favores que le está haciendo al gobierno y lo están retirando directamente en avión desde nuestro país.


Sin embargo, el otro gran aliado de Maduro, China, ha sido el gran ganador del colapso de los precios del petróleo. Con este colapso ganan todos los importadores de petróleo y de ellos el mayor es China, que ha podido llenar los tanques de sus refinerías con petróleo a precios bajos históricos. Adicionalmente, al ser el primer país en salir de la crisis económica de la pandemia, será el que en su recuperación más tiempo disfrutará estos bajos precios, que subirán en un futuro, cuando los otros países importadores de petróleo vuelvan a sus niveles de actividad económica de antes de la pandemia. 

China sería el mejor aliado que tiene el gobierno para ayudarlo, pero desde el gobierno de China han dicho una y otra vez que quieren una solución consensuada al problema venezolano.


Por otro lado, en los EEUU, Donald Trump, en su loca verborrea desenfrenada diaria, ha cometido una y otra vez errores garrafales, que le han puesto muy cuesta arriba su reelección, que es lo único que a él le importa, como dicen en su círculo cercano. Trump ha estado cambiando sus declaraciones, ha estado contradiciéndose permanentemente, ha despedido a médicos que lo han contrariado y ha levantado la cuarentena antes de tiempo, sin la capacidad en los EEUU de hacer los tests que necesita el país para enfrentar la pandemia sin la cuarentena. 

Los EEUU, con el pésimo manejo de la pandemia, han logrado increíblemente volverse el epicentro del virus a pesar de haber contado con tiempo suficiente para prepararse y con una de las estructuras sociales más capacitadas en todo el mundo para enfrentar una pandemia de este tipo.
Trump también ha hecho pública la estupidez, ignorancia e irresponsabilidad de todo líder narcisista, orgulloso y malcriado, reafirmándose una vez más como un líder tercermundista gobernando al país más poderoso del mundo. 

Hace una semana, comportándose como un autócrata de bajo nivel, dio declaraciones sugiriendo el uso intravenoso y la ingesta de desinfectantes y luz ultravioleta para combatir al virus en su reality show diario de TV, que para él es la presidencia de los EEUU. 

De inmediato hasta la cadena de TV que lo defiende todo el tiempo, FOX NEWS, salió a contradecirlo. El Centro de Control de Enfermedades de los EEUU y los productores de desinfectantes han salido todos de inmediato para decir a la nación lo que nunca nadie se había imaginado antes que tendría que decir algún día a la gente: “no ingieran desinfectantes”. 

Parece que para distraer de este error, el Pentágono ha llegado incluso a declarar oficiales unos videos de OVNIS que venían rodando en Youtube desde hace años. De inmediato salieron muchas voces exclamando en tono de burla e indignación: “lo que nos faltaba, ahora nos visitan los marcianos”. 

Su último intento de distraer de sus errores es el de culpar a China de haber creado el virus en un laboratorio, lo que niegan hasta los propios servicios de inteligencia de los EEUU.


El colapso de Trump en las encuestas ha sido de tal magnitud que dejó de responder preguntas en el briefing diario sobre la pandemia y luego dejó de aparecer por completo en ellas. Así de brutal ha sido el efecto negativo sobre su imagen, que Trump en pleno año electoral ha decidido renunciar a la mayor ventaja que puede tener cualquier gobernante en una campaña de reelección: una aparición diaria en vivo y directo en prime time transmitida por todos los medios del país. A este desastre en el manejo de la pandemia habrá que sumarle el colapso de la economía de los EEUU y el incremento brutal del desempleo, lo que tendrá un mayor costo electoral.


Adicionalmente, Trump no tiene ni un solo éxito internacional que mostrar en su campaña. Sus intentos han sido ruidosos, pero sin éxito. El muro en la frontera sur que pagaría México sigue siendo una promesa incumplida; con Norcorea solo logró llenarle el orgullo a los norcoreanos con su foto dando la mano como iguales a Kim Jong Un, sin lograr nada a cambio; la guerra comercial con China solo ha tenido efectos negativos para la economía de los EEUU y el nuevo acuerdo parcial con China no le ha traído aún mayores beneficios; la renuncia al acuerdo nuclear con Irán y la imposición de más sanciones para obligarlos a detenerlos de armarse nuclearmente no funcionó y ahora Irán no se siente obligado a no armarse nuclearmente; con la retirada de las tropas de los EEUU de Siria, Rusia y Turquía han salido ganadoras, el Estado Islámico ha tomado oxígeno y sus aliados kurdos se sienten traicionados, lo que despierta desconfianza en todos los aliados internacionales de los EEUU; el éxito de estabilizar los precios del petróleo poniendo de acuerdo a Rusia y Arabia Saudí solo duró un par de días; y todavía no ha logrado vencer a Maduro.


Con el desastre en el manejo de la pandemia, con el éxito económico esfumado por completo, con ningún éxito internacional tampoco que pueda mostrar, Trump podría, en una situación desesperada para su reelección, intentar resolver alguno de sus problemas internacionales para tener algo que mostrar en su campaña electoral. En este sentido solo hay dos posibilidades con alguna probabilidad de éxito, Irán o Venezuela. 

El costo en tropas y los efectos negativos en el mercado petrolero de una aventura en Irán hacen más improbable que decida alguna aventura por esos lados, sin embargo, la poca importancia actual de Venezuela como productor de petróleo, más el hecho de que las tropas estadounidenses están mucho más cerca de nuestro país, hacen menos improbable una aventura por estos lados. 

Seis mil bajas en soldados estadounidenses, que son el estimado del Pentágono de una intervención militar en Venezuela, es un número bajo comparado con más de ciento veinte mil vidas que estará cobrando la pandemia en los EEUU para julio. 

De lo que si podemos estar seguros es que la presión sobre Venezuela aumentará significativamente y operaciones aisladas contra algunos altos miembros del gobierno no se deben descartar.


En contra de lo que algunos ilusos en nuestra política afirman, el gobierno de Trump nunca ha mostrado las mínimas intenciones de hacer una intervención militar en Venezuela, pero en una situación electoral desesperada como a la que se está deslizando Trump, no se puede estar tan seguro que llegado julio esta idea descabellada no le pase por la mente a un presidente que sugiere el uso intravenoso de desinfectante para enfrentar una pandemia. 

El ex jefe de gobierno español, Felipe González, en una entrevista en el diario El Nacional hace días, lo expresó con las siguientes palabras: “Es peligroso fiar la salida democrática de Venezuela a los impulsos de Trump”. Sea lo que sea que haga Trump, la situación cambiará, porque incluso no haciendo nada, seguramente después de la derrota de Trump, Joe Biden aplicará una política hacia Venezuela muy distinta a lo que Trump ha hecho hasta ahora y la oposición venezolana tendrá que adaptarse a esa nueva realidad en un país muerto de hambre.


@rafamartinezad

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