El encuadre, por Mercedes Malavé

Los medios de comunicación social actúan como la cámara fotográfica: captan de la realidad aquello que les conviene


El surgimiento del arte abstracto, luego conceptual, se asocia a la invención de la cámara fotográfica y al desarrollo de la filmografía. Máquinas desplazan la habilidad humana de copiar, calcar o retratar la realidad. El retrato no se equipara a una foto o a un fotograma en términos de captación minuciosa y exacta. Pero hay algo que la cámara no puede traspasar y son precisamente esas cuatro líneas que la demarcan; ese encuadre, marco o frame que encierra la realidad en cuatro bordes.

En cambio, el arte abstracto supera las fronteras del encuadre fotográfico, pese a que su superficie sea un lienzo o una pared. El artista desafía los límites cuando emplea su creatividad en la expresión de realidades trascendentes; puede plasmar lo espiritual, lo inmaterial, lo universal, lo infinito y lo trascedentes sin tocar siquiera los límites materiales de su obra. Kandinsky es capaz de escribir De lo espiritual en el arte, ensayo cargado de ideas maravillosas sobre las posibilidades expresivas de las artes plásticas.


Encuadre y periodismo

La teoría del encuadre y la agenda setting se conoce en el periodismo desde los años 80. Los medios de comunicación social actúan como la cámara fotográfica: captan de la realidad aquello que les conviene. Fijan su agenda y lanzan a sus periodistas a retratar con mejor o peor enfoque la realidad que se va a comunicar. Corren los noticieros, la prensa, la radio, los programas de opinión. Veinticuatro horas de información veraz y objetiva; realidad encuadrada por los dueños de las cámaras.

El fin de semana del 16N es emblemático al respecto. Desde el paro petrolero la agenda setting venezolana viene funcionando a las mil maravillas. ¿La razón? Un poderoso establishment político que hace que supuestos contrincantes se fijen en lo mismo, retraten lo mismo, digan lo mismo, opinen lo mismo… hasta con las mismas palabras. Lo cierto es que desde el 15N el gobierno dual (Maduro-Guaidó) desplegó su agenda fundada en el alarmismo, el golpe de estado, la invasión, la caída, el no retorno y el juicio final. Si a alguien se le ocurría decir que después del 16 vendría la serie fotográfica del 17, 19, 21 y así sucesivamente, sería tildado de colaboracionista infame. El frame era la calle, los militares, los estudiantes, la ciudadanía inerme.



Resistencia


Lo cierto es que el 16N no pasó nada, y el 17N Maduro anunció la dolarización y el bono de los trabajadores. La agenda del gobierno era la siguiente: Crear expectativas sobre la mega marcha y la alarma anaranjada; desarrollo de las marchas sin percances ni grandes alteraciones y, el día después, dar un buena noticia económica asociada a la libertad de comprar regalos y comida en navidad, para demostrar que las cosas no solo están normales sino mejores.

El lunes pasado, Luis Vicente León decía en el programa de Varnagy que la batalla política la estaba ganando el gobierno. Es claro: nadie puede competir en retratar la realidad con el que tiene la máquina comunicacional en sus manos. La oposición sigue sin agenda propia, sin creatividad, sin mensaje. Frente a un pueblo que se las ingenia para sobrevivir y para ser libre, la agenda de Guaidó luce hoy como una propuesta enclenque que envejeció prematuramente.

La lucha democrática debe reinventarse a partir de la toma de conciencia de a qué nos estamos enfrentando. Se habla mucho de la naturaleza del régimen, pero se acepta poco la tarea de resistir dando la pelea en el terreno de los derechos políticos: organización, estructura electoral, respeto al debate plural, trabajo de hormigas, preservación de espacios democráticos. En definitiva: ¡Poco ruido y muchas nueces!

@mercedesmalave

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