La convicción de votar, por Mercedes Malavé

Hablar de todo ejercicio de libertad es hablar de convicciones, no de condiciones. Recluido en un campo de concentración, a varios grados bajo cero, sometido a trabajos tortuosos, un reo de la barbarie puede decidir seguir adelante por amor a su mujer (viéndola en su imaginación mientras transcurre cada paso) o desplomarse y esperar la bala mortal. La libertad es inviolable aunque todos los derechos humanos se vulneren. Algunos teólogos sostienen que la libertad se mantiene incluso después de la muerte, pues el alma inmortal es libre y espera recobrar su condición corpórea en el juicio final.   

“Usar la libertad quiere decir no consentir ni en la dictadura ni en la licencia; en uno u otro caso la libertad no existe, no tanto por el hecho material del dominio de un hombre o de un populacho, sino mucho más por el hecho substancial de que ha faltado al pueblo la fuerza para mantenerse en libertad, para no permitir que el dictador o la plebe violen la personalidad colectiva” (Don Luigi Sturzo). 

Con esta cita inició Luis Herrera Campins un histórico documento titulado “Frente a 1958: material de discusión política electoral venezolana”. Fue redactado en la ciudad de Munich a propósito de una encendida discusión suscitada en el seno de la oposición democrática –perseguida, clandestina y exilada– acerca de la conveniencia de participar en elecciones venideras. 

Más que estrategia

Las palabras de Sturzo enmarcan la reflexión de Herrera Campins en un ámbito que trasciende la praxis política, sea de estrategia, sea de táctica. La fuerza moral de un colectivo y la expresión masiva de libertad se manifiesta únicamente en el voto. Puede haber otros mecanismos de presión y ejercicio masivo de la libertad política, pero hasta ahora no se ha descubierto otro más significativo que el sufragio.

Por eso, se deben exigir condiciones de participación electoral con la convicción de ir a votar. Si condicionamos la participación electoral a unas condiciones que debe otorgar el violador sistemático de las libertades y derechos humanos, corremos el riesgo evidente y del todo predecible de que nunca se den las condiciones. El ejercicio del voto es un ejercicio de libertad política, de coraje, de rebeldía masiva popular mucho más eficiente que cualquier marcha multitudinaria o cualquier mecanismo de presión internacional.

Dice Herrera Campins: “A la luz de los factores de más directa influencia en la política venezolana, enfoco el estado pre-electoral de la dictadura, sus posibilidades y las que son viables para la oposición demócrata nacional. Soy de los que creen con firmeza de convicción en la recuperación democrática a través de los cambios cívicos del sufragio universal”. 

Organización

En reuniones municipales con dirigentes de distintos partidos, se constata que la vía electoral es querida por las bases democráticas. Es lógico que sea así; de lo contrario estaríamos frente a un grupo de cualquier índole menos político-partidista. Pareciera haber una desconexión entre la estrategia política dominante, nacional e internacional, y lo que podríamos llamar, siguiendo a Sturzo, la fuerza moral para mantenerse en libertad. Por eso, la organización político-electoral no solo es ejercicio de política real, sino también camino de esperanza y libertad.  

Las ideas de Luis Herrera siguen vigentes. La declaración política de COPEI se atiene a la postura de los líderes fundadores que nunca renunciaron a la vía electoral. Hoy más que nunca, Venezuela necesita de las luces fundacionales de los padres de la democracia. Termino citando nuevamente a Luis Herrera, dejando tantas cosas en el tintero:

“La oposición venezolana tiene que superar la vacilación con que se ha enfrentado al problema de 1958. Muchos opositores creen que la dictadura ha montado ya su aparato electoral para consumar esta vez un fraude con discreción, sin la burda impudicia de diciembre de 1952. La dictadura, por el contrario, se distrajo mucho todos estos años, sus contradicciones internas son ahora más patentes que nunca y no encuentra qué hacer. De ahí la cautela de sus movimientos pre-electorales. El temor que experimenta ante las elecciones dice que no ha organizado nada para ganarlas. La lógica política aconseja a la oposición a organizarse mientras la dictadura vacila (…) El temor electoral de la dictadura, confirmación de la vocación democrática del pueblo, debe traducirse para nosotros en desbordante confianza en las posibilidades populares”.

@mercedesmalave

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