Nos dieron por muertos, por Mercedes Malavé

Veinte años después nos llaman de aquí y de allá, de arriba y de abajo, de dentro y de fuera. ¿Qué va a hacer COPEI? ¿Se va a sumar? ¿Se va sentar? ¿Se va a pronunciar?

La tragedia de Vargas coincidió con el deslave político y así comenzó nuestra agonía democrática. Lo que, por años, condescendimos en llamar “cuarta república” hoy muchísimas personas la reivindican. Se habla de la República Civil o de los cuarenta años de democracia. Pero sí hubo una debacle, no obstante hoy constatamos que las naciones pueden estar perpetuamente agonizando.

Lo cierto es que a nosotros nos daban por muertos. Ni siquiera agonizantes: muertos. Veinte años después nos llaman de aquí y de allá, de arriba y de abajo, de dentro y de fuera. ¿Qué va a hacer COPEI? ¿Se va a sumar? ¿Se va sentar? ¿Se va a pronunciar? ¿Se está preparando? ¿Tiene un plan? ¿Cuál será? Y pare de interrogar. Nunca se le habían visto tantas posibilidades a un muerto. Además, un cadáver no aguanta presiones ni ofrece resistencia: si lo sientan, se sienta; si lo mueven cambia de lugar.

La fórmula es obvia

Nuestro proceder no es nada del otro mundo, más bien tiene mucho de elemental. Recuerdo un viejo profesor de metafísica que decía a sus alumnos: “hay que hablar de lo obvio, no se cansen de repetir lo obvio”, y aquella otra que recomendaba que “no hay nada más práctico que una buena teoría”. Frente a lo complejo, a lo que “no es tan sencillo”, a los vericuetos jurídicos expresados en parágrafos, ordinales y numerales, a las teorías de la conspiración, a los procesos transicionales y democráticos, a los enredos diplomáticos y los anuncios enigmáticos, proponemos una teoría sencilla con la máxima obviedad:

Lo primero es el pueblo porque la democracia es gobierno del pueblo. El pueblo es un conjunto de personas con idéntica dignidad. Decía Caldera: “el pueblo, para los demócrata cristianos, representa una comunidad total; no hay exclusiones dentro del concepto: todos formamos el pueblo”. No caigamos en discusiones semánticas ni románticas, convengamos en lo obvio: el pueblo es uno solo y el gobierno ejerce la representación del todo. Es el pueblo de Venezuela lo único que nos debe conmover e importar. Los venezolanos están sufriendo mucho, dentro y fuera del territorio, por lo tanto urge buscar soluciones a los problemas concretos de la gente.

¿Qué prosigue?


Prosigue lo segundo: la democracia es esencialmente pluralista porque entre el ciudadano y el estado hay una serie de agrupaciones sociales e ideológicas que emergen del desarrollo normal del cuerpo social y de la inteligencia humana. La democracia no sólo admite sino también reclama la pluralidad de ideas. Tomás Moro describió un modelo de sociedad ideal en la que no había cabida para el mal, ni para el error, ni para la injusticia, ni para el vicio, ni para la equivocación, ni para la discusión; tampoco para la libertad, para el amor, para la generosidad, para la reconciliación, para el perdón. Un auténtico infierno.

Y lo tercero: urge fortalecer las instituciones. Entre la edad antigua y la edad moderna transcurrieron diez siglos, que algunos estudiosos consideran la época de gestación y fortalecimiento de las instituciones: bibliotecas, universidades, ejércitos, hospitales, bancos, sistemas de recaudación, alcaldías, concejos, tribunales; una larga lista de instituciones que fueron capaces de aguantar revoluciones, alzamientos, guerras, monarquías decadentes, barricadas, injusticias, totalitarismos y héroes de la patria. El fortalecimiento institucional depende del principio pluralista: entender que los hombres nacen, crecen, se reproducen y mueren, los héroes pasan, los próceres desaparecen. Las instituciones quedan. A veces las instituciones subyacen bajo estructuras injustas y vetustas. Conviene entonces luchar por mejores estructuras sociales, económicas y jurídicas sin arruinar las instituciones.

Mención aparte tiene la defensa de la institución del voto. Si el muerto camina es porque no ha abandonado este principio de soberanía, de dignidad y de vitalidad. Lo dejo para el próximo artículo.

@mercedesmalave

mmmalave@gmail.com

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