Un solo pueblo, por Mercedes Malavé

A pesar de las diferencias aparentemente irreconciliables entre adecos, copeyanos y comunistas, siempre hemos sido un solo pueblo, una sola nación.

A ritmo de samba y de tambores, estuvimos en Barlovento visitando distintos municipios de la zona. Vamos construyendo partido de abajo hacia arriba, renovando la organización, reencontrándonos con la estructura. Veinte años después de revolución comunista, el pueblo de Venezuela se mantiene ligado a sus raíces socialcristianas y socialdemócratas. La sobrevivencia del chavismo está por verse. El sueño de expandir la revolución y de contribuir a la paz interplanetaria, se ha convertido en la peor pesadilla de aislamiento, encierro y esterilidad. Mayor traición al proyecto ideológico de Chávez no cabe en mi imaginación. 
 
A pesar de las diferencias aparentemente irreconciliables entre adecos, copeyanos y comunistas, siempre hemos sido un solo pueblo, una sola nación. Desde los tiempos de José Antonio Páez Venezuela es una sola, y esa unidad patria no la ha podido quebrantar ni la guerra federal, ni la peor dictadura, ni la crisis más aguda, ni los intereses más perversos. 
 
Pero hoy la unidad nacional está en peligro. La crisis política nos ha llevado por una espiral de radicalismo que trasciende nuestras fronteras. Nos han inoculado la división dentro y fuera del país, y no podemos permitir que Venezuela se parta en dos ni en tres. Tenemos que circular libremente por el territorio; debemos preservar nuestro patrimonio cultural, nuestros símbolos, nuestra identidad nacional con su diversidad de regiones, geografía, fauna y flora. Somos responsables de preservar las riquezas del subsuelo que la Providencia ha querido confiarnos. 
 
Más allá de las diferencias ideológicas y sociales, hoy debemos cerrar filas en torno a nuestra patria. Somos un solo pueblo, y la palabra pueblo no designa a una masa informe manipulable a imagen y semejanza de un mesías o demagogo. La identidad de un pueblo se expresa en cada ciudadano, en su interacción personal con la comunidad mediante la organización, articulación y participación individual en los diversos círculos en los que se estructura la sociedad. Desde una reunión de vecinos hasta la asamblea nacional allí se refleja nuestra idiosincrasia y nuestra manera de ser. A medida que el círculo asociativo aumenta, la participación se hace más representativa. Participación y representación se implican mutuamente porque la representación es real en la medida en que la participación individual, organizada milimétricamente y bien estructurada, sea una realidad viva, exigente, demandante y operativa. 
 
Ninguna ideología política puede atentar contra la unidad de la nación. Debemos rechazar como cuerpo extraño, con las defensas que nos brinda nuestro sentido de pertenencia a la única Venezuela que existe, cualquier atisbo de injerencia extranjera. Una quinta parte de la población venezolana se considera hoy chavista, pero antes de ser chavistas son venezolanos y ellos lo saben. 
 
“Sólo el pueblo salva al pueblo” dijo Arístides Calvani. Sólo el pueblo de Venezuela puede salvar a la nación en estas horas de tantas necesidades en nuestra patria. En eso está Copei como organización popular, electoral e independiente. Entendemos que nuestra misión trasciende la lucha tradicional de los partidos políticos. Estamos llamados a reforzar, en cada parroquia y municipio del país, la unión nacional. 
 
Recuerdo que mi sobrina tenía tan solo 5 ó 6 años cuando le enseñé la lógica de lo opuesto o lo antónimo. Le dije: “lo contrario de grande es chiquito, lo contrario de gordo es…” e inmediatamente me respondió: “¡flaco!”. Con esa misma lógica que entiende hasta un niño de cinco años, podemos concluir que la verdadera oposición a la ideología del odio es el amor; ante la división la unión, y ante el resentimiento la reconciliación. 
 
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