La espiral del silencio, por Mercedes Malavé

Frente a la vorágine 2.0 conviene distinguir entre opinión pública y opinión publicada, máxime en países como el nuestro donde la penetración de redes sociales como Twitter es prácticamente nula.

Que las personas adaptan su comportamiento a lo que las mayorías consideran aceptable, constituye el amplio estudio de la filósofa alemana Noelle-Neumann en su libro La espiral del silencio. Opinión Pública: nuestra piel social (1977). Por temor al aislamiento, solemos adherir a todo aquello que consideramos la actitud predominante. La opinión pública consiste entonces en ese mecanismo de adhesión, casi inconsciente, que tenemos los seres humanos para fortalecer la cohesión social tan vital para el homo sapiens como la propia racionalidad. Noelle-Neumann decía que la opinión pública es nuestra epidermis social.

Estudiando procesos electorales en Alemania, Elizabeth Neumann detectó grandes diferencias entre la intención de voto y la percepción de quién ganaría las elecciones: “La divergencia en la intención de voto entre los dos partidos contendientes era del 6%, mientras que se elevaba hasta el 50% en la percepción de quién habría ganado las elecciones”. Acuñó la noción clima de opinión para referirse a esa dimensión cuasi-estadística de la intuición que nos permite vislumbrar empíricamente qué opiniones se están imponiendo en el espacio público: “Se inicia así un proceso en espiral, según el cual las opiniones que se advierten en recesión tienden a enmudecer, y las que se advierten como vencedoras llenan el hueco dejado y se agigantan. En situaciones extremas, como de grandes cambios sociales, las opiniones minoritarias podrían además desaparecer de la esfera pública, a pesar de que existan todavía sin que se las pueda observar”, explica Norberto González.

Mayoría silenciada

Frente a la vorágine 2.0 conviene distinguir entre opinión pública y opinión publicada, máxime en países como el nuestro donde la penetración de redes sociales como Twitter es prácticamente nula. Los medios digitales son capaces de generar micro climas de opinión pública, propiciando incluso discusiones semejantes al debate pero absolutamente divorciadas de la realidad extra-digital. Usuarios interactúan fingiendo “actitudes deliberativas” que en el fondo responden sumisamente a propaganda, y silencian aquello sobre lo que no conviene debatir ni opinar. Se construyen espacios de opinión publicada que van copando diversos foros mediáticos, hasta el punto que fungen como una especie de sistema de succión de ciudadanos de a pie que responden adhiriéndose como si la mayoría se estuviese expresando por esos medios.

Los polos de la contienda política son los más interesados en generar estos falsos micro climas de opinión mayoritaria con sus mecanismos de simplificación que rayan en el absurdo, generalizaciones toscas, apropiación de símbolos atractivos y universales vaciados de semántica y cargados de asociaciones temerarias y contradictorias; imposición de modas, tendencias, demonios, santidades, cenicientas, héroes, malvados y demás artificios manipuladores del clima de opinión. Fomentan en la epidermis social del venezolano la tesis de que sólo con violencia es posible enfrentar la amenaza de la revolución o contra la revolución. Defender la causa hasta con armas y misiles si es necesario, es el leitmotiv de los polos que se enfrentan sólo en el terreno de la confrontación física y verbal, porque en el plano ideológico andan enfilados.

La violencia ante la verdad

«Una palabra de verdad pesa más que todo el universo» expresó Solzhenytsin en su discurso por la recepción del premio Nobel, al que las autoridades soviéticas no le dejaron asistir. Pero la conocida política de transparencia conocida como la glasnost demostró que la franqueza contribuye más a la gobernabilidad que un gigantesco, extra-pesado, aparato burocrático opresor y asfixiante que, en la medida en que pretendía dominar a sus gentes, más y más ellas escapaban de su control.

La Venezuela silenciada que clama por un cambio político parece estar, sobre toda necesidad, ansiosa de líderes y activistas por la verdad que, sin tapujos ni componendas de poder, hablen de lo único que puede hacer retroceder la violencia y acercar nuestra tierra prometida: Es la verdad lo que necesitamos para superar las falsas salidas que sólo nos adentran en frustración.

Recordemos a Solzhenytsin: “Cuando la violencia se introduce en la vida pacífica su rostro brilla con autoconfianza, como si llevase una bandera gritando: Soy la violencia. Huye, déjame pasar. -Te aplastaré. Sin embargo, la violencia envejece rápido, pierde la confianza en sí misma, y para mantener una cara respetable llama en su ayuda a la falsedad –cuando la violencia no puede posar su poderoso brazo ni todos los días ni sobre cada hombro, entonces sólo nos pide obedecer a la mentira y participar diariamente en la mentira– Toda la lealtad exigida descansa en esto. Y la salida más simple y más accesible a la liberación de la mentira descansa precisamente en esto: ninguna colaboración personal con la mentira. Aunque la mentira lo oculte todo y todo lo abarque, no será con mi ayuda”.

mmmalave@gmail.com

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